Los nervios la alcanzaron nuevamente
y recordó por qué estaba en el bar.
Intentó bosquejar la cara de Ariel,
algún gesto, pero las manos le transpiraban.
Se las secó frotándolas contra las piernas,
intentando no enganchar las medias con el anillo.
Se miró sus manos,
focalizó en sus venas hinchadas casi violetas,
sus uñas mal pintadas de
un rosa chicle
que se percató en ese instante
no eran de la misma gama del vestido.
Sintió un escalofrío
y le dieron ganas de tomarse un whisky.
Un whisky con hielo, le pidió al mozo.
Lo empezó a tomar de a poco.
Al principio le resultaba
demasiado fuerte
pero después de unos tragos
se acostumbró. Cuando se quiso parar,
se dio cuenta de que se le había dormido
la pierna derecha. Comenzó a golpear
el pie contra la silla que tenía enfrente.
Se sacó el zapato con el otro pie
y se acordó de cuando era chica
y usaba zapatos ortopédicos.
Permaneció así un rato
dando golpeteos suaves
contra la silla y después contra el piso.
Alternadamente. Se sentía liviana.
Cuando volvió a relajarse metió
el dedo índice en el vaso
y revolvió los hielos hasta que
el dedo se le congeló y se lo metió en la boca.
Disimuló. Se sentía sexy.
Estaba sola. El viejo
no se había dado vuelta ni una vez
y el mozo parecía
no haberla registrado.
Ya estaba lista para el encuentro.
Pidió la cuenta y salió trastabillando.
Otra fecha tremenda
Hace 3 horas



